El 1 de noviembre, algunos de los mejores regatistas de altura del mundo zarparán desde Saint-Malo rumbo a Pointe-à-Pitre en la 13.ª edición de la Route du Rhum, Destination Guadalupe. Entre ellos, más de 20 barcos de las flotas ULTIM e IMOCA irán equipados con SEA.AI, un sistema de visión artificial impulsado por IA diseñado para detectar peligros en el agua que los sistemas de navegación convencionales y el ojo humano pueden pasar por alto.
Para estos navegantes, cada segundo cuenta. Al competir en solitario a lo largo de 3.542 millas náuticas, deben gestionar la navegación, la meteorología, los cambios de vela, los problemas técnicos y los preciados momentos de sueño, sin dejar de estar atentos a lo que tienen por delante.
A altas velocidades, especialmente de noche, un objeto flotante no detectado o una embarcación sin luces puede convertir una regata en una situación peligrosa en cuestión de segundos.
Ahí es donde entra en juego SEA.AI, que aporta una capa adicional de vigilancia para ayudar a los patrones a detectar posibles riesgos de colisión y tomar decisiones mejor informadas.
La vela de altura: donde todo comenzó
La relación de SEA.AI con la vela de altura va mucho más allá del suministro de equipos a navegantes profesionales. Desde 2018, los equipos de regatas oceánicas han desempeñado un papel fundamental en el desarrollo de su tecnología de visión artificial marítima, ayudando a transformar un concepto innovador en una solución puesta a prueba en algunas de las condiciones más exigentes del mar. Desde el principio, la vela de altura impuso requisitos técnicos estrictos: equipos compactos y ligeros, consumo mínimo de energía, detección fiable y una interfaz intuitiva que no añadiera carga de trabajo al patrón.
Pero quizá la contribución más valiosa provino del propio océano. Las miles de millas náuticas navegadas por los equipos de regatas proporcionaron a los ingenieros de SEA.AI imágenes marítimas reales captadas en la oscuridad, mar gruesa, salpicaduras, reflejos, luz cambiante y condiciones meteorológicas difíciles. Estas imágenes ayudaron a entrenar y mejorar continuamente los algoritmos de IA de la empresa, enseñando al sistema a distinguir objetos y peligros reales de las olas, la espuma y otras interferencias visuales, reduciendo al mismo tiempo las falsas alarmas.
Un segundo vigía para los navegantes en solitario
Pero más allá de la tecnología, ¿qué significa realmente contar con un segundo vigía para quienes cruzan el Atlántico en solitario?
De cara a la Route du Rhum, Armel Le Cléac'h, Sam Goodchild y Maxime Sorel recurren a años de navegación con SEA.AI para compartir experiencias reales sobre cómo la tecnología les ha ayudado a navegar con más seguridad.
De la vela de altura a la seguridad marítima en todo el mundo
Lo que comenzó como una tecnología desarrollada junto a equipos de regatas oceánicas se ha convertido en una solución al servicio de una comunidad marítima cada vez más diversa. Hoy, los sistemas de SEA.AI están desplegados en embarcaciones e infraestructuras marítimas, dando apoyo a navegantes de recreo, operadores comerciales, equipos de búsqueda y rescate, operaciones de vigilancia marítima y vehículos de superficie no tripulados.
Los retos pueden ser distintos, pero el principio sigue siendo el mismo: ayudar a las tripulaciones y operadores a detectar lo que de otro modo podrían pasar por alto, especialmente más allá de las capacidades de los sensores convencionales.
El exigente entorno de la vela de altura sigue contribuyendo al desarrollo de SEA.AI, impulsando la tecnología a medida que los barcos de regata se vuelven más rápidos, los sistemas evolucionan y surgen nuevos retos.
Desde las regatas oceánicas más exigentes del mundo hasta la navegación y las operaciones marítimas cotidianas, SEA.AI sigue persiguiendo la misión que inspiró su creación: salvar vidas en el mar.



